Mangostino, mangostán, mongosto, mango o jobo de la India… Por todos estos nombres podemos conocer a la fruta que protagoniza la última fiebre de la alimentación saludable y la medicina naturalista, y que se propone como una alternativa al ibuprofeno.

En dietética y medicina hay modas como en cualquier otro sitio, y últimamente todo lo que traiga la etiqueta de “natural” está llamado a triunfar como una panacea a más males de los que podemos enumerar. Pues bien, ¿cuáles son los pretendidos beneficios del mangostino? Si todo lo que afirman es cierto (lo cual no podremos saber hasta dentro de un tiempo, cuando pase el furor y a medio plazo se puedan comprobar realmente sus resultados), esta fruta podría resultar muy útil tanto para la salud como para la belleza. Aunque siempre conviene tomarse estas modas con precaución y una dosis de sano escepticismo, los defensores del mangostino aseguran que posee propiedades antiinflamatorias que lo hacen apto para tratar múltiples dolencias.

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El mangostino procede del sureste asiático, de países como Indonesia, Tailandia o Camboya, y precisa de climas muy cálidos para desarrollarse. Por eso su exportación es difícil y solo se han podido plantar en las regiones más cálidas del Estado de Florida; además, es un fruto que tarda muy poco en echarse a perder una vez se arranca del árbol, por lo que se están experimentado diversas formas de conservación para facilitar su llegada a Europa (y una reducción de su precio, que es bastante elevado).

Cuenta la leyenda que era la preferida de la Reina Victoria de Inglaterra, y que prometía nombrar caballero a cualquiera que fuese capaz de traerle ejemplares en buen estado (lo cual, como cabe esperar, era imposible en la época); de ahí su sobrenombre de “reina de las frutas”.

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Claro que el mote también podría venirle por todas sus propiedades (el sabor también se dice que es muy agradable):  en la medicina tradicional asiática se ha utilizado para tratar enfermedades como la diarrea, la disentería, las úlceras… Se dice, también, que tiene propiedades cicatrizantes, adelgazantes o antioxidantes, que puede funcionar como un antidepresivo o que, incluso, ayuda a prevenir el cáncer. Lo cierto es que el mangostino contiene una gran cantidad de un compuesto químico conocido como xantonas, aunque ¡ojo!, éstas se encuentras en el pericarpio, es decir, la cáscara, que tradicionalmente no se come.

Para poder disfrutar de los beneficios de las xantonas también en nuestra alimentación, por ejemplo, se está optando por ingerir el mangostino en forma de zumo, incluida la corteza. ¿Y qué beneficios son estos? Propiedades antivirales, antialérgicas, antibacterianas, antitumorales, antioxidantes… Y, sobre todo, antiinflamatorias, de ahí que se diga que podrían ser una alternativa (o un complemento) al uso del ibuprofeno, de cuyo consumo se tiende a abusar.

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Estas propiedades implican, además, que tiene repercusión en nuestro aspecto físico: ayudaría a combatir los signos de fatiga, el envejecimiento de la piel y posibles reacciones alérgicas o enfermedades dermatológicas como la psoriasis; e incluso se dice que es adelgazante, aunque en realidad lo que es es poco calórica. Ya hay quien lo vende como un potente anti-aging, y aunque puede ser un poco difícil de encontrar en el mercado se comercializa en forma de cápsulas o gotas concentradas que deberían ingerirse un par de veces al día.